Paseaste a María Santísima de las Tristezas durante varios años. Cuando los tiempos no eran de bonanza, y no exisitían las “cuadrillas doblás”. Cuando lo normal era trabajar las cofradías “de mámol a mármol”, y no se prodigaban las tarjetas de relevo, ¡para qué verdad!.
El vínculo existente entre cruceros y macarenos también se daba en tí, y decidiste que era el momento de pasear a la Niña de San Gil. Pero qué caprichoso fue el destino, verdad Diego. Sólo dos chicotás debajo de la Virgen de la Esperanza, después de toda una vida soñando con el cielo de trabajaderas de su Santa parihuela. Estoy convencido, que la Madre de Dios ya te había “igualao” para que formaras parte de la cuadrilla de la Gloria, y como bien sabes, ahí no entra cualquiera. Allí arriba hay que ir con el cuello limpio, por eso nunca quiso que la pasearas por Sevilla, porque te esperaba el Cielo de los Costaleros.
Aún así, pensábamos que no era justo. La mente humana no está hecha para comprender estas cosas. Tú habías nacido para estar debajo de las trabajaderas, de SUS trabajaderas. Tenías el corazón repartido entre la calle Jesús y San Gil, tenías la talla de los costaleros elegantes, y esa capacidad de disfrutar sufriendo que sólo se entiende de Sierra Morena hacia el Estrecho. Si tu salud no te premitía meter riñones y “pegar la lengua al palo”, al menos debías estar cerca de los respiraderos. Por eso me viene al recuerdo con la nítidez del presente más inmediato las 12 de la mañana de un Lunes Santo luminoso, cuando mi padre le propone a los priostes contar con tu presencia, durante la procesión, cerca del paso del Stmo. Cristo de la Vera Cruz, ejerciendo las funciones de carpintero. TÚ TENÍAS QUE ESTAR AHÍ. También es clara la imagen de tu rostro iluminado mirando la silueta del señor atravesando la calle Placentines. TÚ TENÍAS QUE ESTAR AHÍ. Y más claras aún fueron tus palabras mientras que el Señor se elevaba sobre su monte de plegarias, una vez había atravesado el dintel, encaminado a cumplir con el rito dirigiéndose a Santa María de la Sede. “Chico para lo que haga falta estaré detrás del paso”. Años atrás habías tomado tu CRUZ, y ahora te disponías a SEGUIRLE. TÚ TENÍAS QUE ESTAR AHÍ.
El día 23 de mayo tienes conocimiento de que tu hueco en esa cuadrilla de los privilegiados de María, te espera, y que es inminente tu partida. En ese momento aprietas los riñones y realizas el último esfuerzo terrenal. La procesión de la Cruz dónde tu hijo debuta junto a los hombres del costal, iba a salir a la calle, y TÚ TENÍAS QUE ESTAR AHÍ. Diego, tú tocaste el martillo e hiciste que tu hijo prosiguiera con la tradición, elevando al Cielo la Cruz, esa que tomaste en su día y que se adelantaba para esperarte junto a la Madre.
Benditos aquellos que sacrifican su vida para demostrar que la FÉ va más allá de la propia voluntad de Dios. La FÉ se refleja en la voluntad de vivir, aunque las adversidades mermen el esfuerzo.
TU VIDA UN EJEMPLO PARA LOS CRISTIANOS
D.E.P.
DIEGO LUNA VAQUERO
COSTALERO DE LA MADRE
Julián Huertas Lora
Auxiliar del Capataz del Santísimo Cristo de la Vera Cruz
Fotografía: Casado.
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