Adiós Amigo, Hermano,
Con estas palabras me despedí de ti el día 2 de junio, festividad de San Nicolás. Serían las 20:30 h. En ese momento sabía que ya no volvería a verte en vida. Al salir de la clínica empecé a rebobinar la película de nuestras vidas paralelas de unos años atrás.
Diego, perdona que te diga que has sido un egoísta, sí, egoísta, no te has conformado en hacer una estación de penitencia como Dios manda ¡NO! Tú la has hecho durante unos pocos de años, has jugado con ventaja, para así de esa forma estar más cerca de nuestro Señor y Su Madre Bendita.
Diego, tu paso a la otra vida, a nadie nos ha cogido de sorpresa, todos sabíamos lo malito que estabas, pero siempre que veíamos que la vela de tu vida se extinguía, venía un soplo de aire fresco que nuevamente te impulsaba a vivir (¿de donde vendría ese aire?…).
Hoy al verte en nuestra Capilla, como antes decía, me he acordado de nuestras conversaciones sobre nuestras Hermandades, de aquél día después de la misa en que nos abrazamos y extendimos las manos pidiendo limosna para comer por lo delgados que estábamos los dos, ojala hoy hubiéramos hecho lo mismo; también, como no, nuestras disputas deportivas. Yo te decía ¡Qué le vamos a hacer! uno es bueno y otro es malo y juntos nos reíamos. Diego, hoy ha sido un día muy largo pero que servirá para tenerte siempre en el recuerdo.
Pero la vigilia contigo permanece a estas horas de la noche cuando escribo estas letras, teniendo junto a mi tu costal, tu medalla de la Macarena, y tu Cruz de la Hermandad.
Dale un abrazo a todos nuestros hermanos que ya te esperaban. Diego, hoy se ha apagado en cirio que todos los días se encendía al lado de Nuestro Cristo y Nuestra Señora. Ellos se han entristecido más, pero al mismo tiempo estarán contentos porque hoy en la mañana junto a ti, Diego, verán el rostro de la Virgen Macarena.
Adiós Amigo, Hermano.
Paco Ors

Escrito por Administrador